Con este revuelo sobre "el caníbal de la Guerrero", me acordé de algo que pasó hace algunos años. Parece una leyenda urbana, pero les aseguro que sucedió, salió en los periódicos y toda la cosa.
Resulta que un tamalero era hostigado diariamente por otro comerciante que vendía en la misma calle. Se burlaba de él, le ponía apodos, le hacía bromitas, ya se imaginarán. Entonces un día el tamalero se hartó, y lo apuñaló hasta matarlo con un picahielos. Cuando la policia entró a su casa, encontró el cuerpo descuartizado, y parte de la carne preparada para ponerla en los tamales.
Jamás se me va a olvidar lo que dijo el asesino cuando le preguntaron por sus razones para cocinar el cuerpo:
"Yo nada más lo descuarticé. ¡No se lo iba a echar a los tamales, si no estoy loco!"
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